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ESTOY HARTO DE LOS CARRITOS DE BEBES

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“Mituiter”

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Aunque estamos en medio de una crisis económica que, se supone, debería frenar a muchos en el asunto de decidir tener churumbeles, tengo la impresión de que no es así. !Que irresponsabilidad!. Allí donde miro veo a hombres y mujeres empujando carritos -la verdad es que la mayoría de las veces son ellas y no ellos quienes empujan- Quizá sea que ahora me fijo más en esas cosas – en varias ocasiones me he encontrado con viejos compañeros de clase detrás de un carrito-. O que el buen tiempo invita a ir de aquí para allá con el enano para que le dé el viento. El caso es que todo son parejas, más o menos jóvenes, con bebes.

Desde hace unos meses llevo reflexionando sobre la manera que las madres empujan los cochecitos de sus bebes. Os invito a que observéis el tema y reflexionéis sobre ello. Creo que existen varios tipos de madres en función de la manera que tienen de empujar el carrito.

  • Esta la orgullosa. Segura de sí misma. Convencida de que esa criatura que duerme enfrente de ella está llamada a alcanzar las más altas cotas de triunfo en la vida. Se muestra satisfecha y lo trasmite a aquel que quiera admirarla. Empuja el carro erguida, con decisión, triunfante, esbelta, el cuello tenso, la cabeza bien alta y la espalda recta. Bajo sus manos el carro es como si flotara y supera los bordillos con suavidad, sin interrumpir la marcha.
  • En segundo lugar tenemos a la madre deslavazada. Normalmente utiliza un carrito algo desvencijado. No tan aparatoso como el que se utiliza durante los primeros doce meses sino el que permite al/la niño/a ir un poco más erguido, controlando el tema. Ese que básicamente son cuatro tubos y un capacete. Seguramente no será su primer hijo. Maneja el carrito con soltura y de forma agresiva. Sube y baja los bordillos de sopetón y, en ocasiones, termina la maniobra con un brusco empujón que obliga al enano a ir de aquí para allá. A pesar de todo creo que esta madre, al contrario que la anterior, no proyectará sus frustraciones y sus expectativas no cumplidas al adulto futuro con lo que ahorrará a este horas y horas de psicoanálisis.
  • Por último tenemos a lo que se podría denominar madre “sisífica”. Impulsa el carrito con esfuerzo, encorvada, con la cabeza a penas mirando al frente, prácticamente apoyada sobre el manillar y con los brazos bien estirados. Casi se le oye resoplar desde lejos, igual que cualquier representación de Sísifo empujando la piedra montaña arriba. Probablemente, en el fondo de su corazón, no tenía ningún interés en tener ese hijo. Quizá ha nacido fruto de un equivocado intento de sacar adelante una relación agotada. El caso es que ahora tiene que afrontar la maternidad y eso le pesa.

Cada una de estos tres tipo de madre generará, seguramente, tres tipos de seudopatologías en los retoños. De todas formas, sea el primero o el tercer, deseado o fruto de un calentón en un garaje, niño o niña, espabilado o lelo, rubio o moreno, lo que tengo muy claro es que, como consecuencia de la relación con su madre (y con su padre) tendrá un montón de malos rollos consigo mismo dignos de psicoanálisis.


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